sábado, 17 de octubre de 2015

El ángel caído, de Ricardo Bellver

Ricardo Bellver (Madrid, 1845-1924) es uno de los escultores más destacados de finales del siglo XIX representante del historicismo y del realismo. Trabajó la escultura exenta, El Gran Capitán (1875), y el relieve, La muerte de Santa Ágata (1888), y cultivó todos los géneros, desde el religioso, Asunción de la Virgen (1883), al conmemorativo, Juan Sebastián de Elcano (1881). Su obra más sobresaliente es El ángel caído (1878).

Ricardo Bellver fue pensionado en 1874 para estudiar en la Academia Española de Bellas Artes de Roma.

En 1877 realizó en yeso El ángel caído, que le sirvió para ganar la Medalla de Primera Clase en la Exposición Nacional de Bellas Artes de Madrid.

El tema de la escultura es la condenación al infierno de un ángel por desobedecer y rebelarse contra Dios. Según el catálogo de la exposición Ricardo Bellver se inspiró en El paraíso perdido, canto I, de John Milton que dice: “Por su orgullo cae arrojado con toda su hueste de ángeles para no volver a él jamás. Agita en derredor sus miradas, y blasfemo las fija en el empíreo, reflejándose en ellas el dolor más hondo, la consternación más grande, la soberbia más funesta y el odio más obstinado”.

Según la historiadora del arte María Gómez Moreno la idea de Ricardo Bellver de representar al demonio como un bello atleta adolescente hay que relacionarlo con el Lucífero que Constantino Corti presentó en la Exposición de París de 1867 y no con el Retablo de la iglesia de San Miguel de Jerez de la Frontera, obra de Martínez Montañés.

 Ricardo Bellver: El ángel caído, 1878.
Estilo: Realismo.
Técnica: Bronce fundido.
Temática: Religiosa.
Dimensiones: 265 cm.
Parque del Retiro, Madrid, España.


El ángel aparece desnudo, contorsionado hacia atrás, sentado sobre el tronco de un árbol, llevándose el brazo izquierdo a la cabeza para protegerse del rayo que le derribó y la boca abierta expresando un grito. Una serpiente en actitud agresiva se retuerce entre los brazos y las piernas. Las alas están desplegadas.

La línea compositiva diagonal y abierta, el cuerpo en tensión y el gesto de desesperación del ángel, dotan a la escultura de un dinamismo y de una expresividad barroca de inspiración berniniana.

La influencia helenística se comprueba en el uso de la serpiente que recuerda el Laocoonte y sus hijos.

En 1878 El ángel caído fue fundido en bronce para poder ser exhibido en la Exposición Universal de París. A su regreso a España pasó a formar parte de la colección de esculturas del Museo Nacional del Prado. Sin embargo, en octubre de 1879 se aprobó que la escultura fuese expuesta al aire libre. Fue cedido al Ayuntamiento de Madrid, que lo ubicó en el Parque del Retiro.

En 1880 el arquitecto Francisco Jarreño diseñó el pedestal sobre el que se apoya El ángel caído. Es de plata, octogonal y forma de pirámide truncada, la base es de granito y en cada uno de sus lados aparece una carátula en bronce; en ellas se representan a diablos que agarran con sus manos a lagartos, sierpes y delfines; cada una tiene tres surtidores de agua.

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